Tras una accidentada primera edición que apenas duró nueve horas, los gemelos Carlos y Daniel Ramos subieron la apuesta el pasado 7 de diciembre con Casa de los Gemelos 2, un formato que está revolucionando y desafiando la industria del entretenimiento en España.
Participantes polémicos y “underground” del universo Zona Gemelos, redes sociales y tradicionalmente vinculados al ecosistema de Mediaset, conviven hasta final de año en un reality que recuerda a las primeras ediciones de Gran Hermano. El objetivo: hacerse con un premio de 100.000 euros.
Como golpe de efecto, no esperaron al final de la edición actual de Gran Hermano de anónimos y lo llevaron el pasado jueves a su mínimo histórico de audiencia, con un 4,8% de share, lo que desembocó en la cancelación precipitada del programa.
Usando como analogía la célebre frase “todo el mundo ve Sálvame aunque no lo reconozca”, pronunciada por la expresidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes, este experimento televisivo, pese a no contar con la visibilidad de un canal lineal, está registrando cifras propias de un éxito de audiencias..
El formato ha mostrado una clara tendencia ascendente, alcanzando el pasado sábado su minuto de oro con más de 1,2 millones de usuarios conectados simultáneamente gracias a la visita del marido de «la Falete». Para poner estos datos estratosféricos en contexto, el pico de Gran Hermano en 2025 se produjo precisamente en su primera gala, con 1,1 millones de espectadores, y desde entonces el programa ha seguido una tendencia descendente.
Muchos se preguntarán si este fenómeno es rentable. Su presentador, Kiko Hernández, histórico del universo Sálvame, afirmó que la inversión total asciende a 600.000 euros. La mayoría de concursantes accedieron a participar de forma gratuita, atraídos por la posibilidad de pasar del anonimato a una agenda repleta de bolos y colaboraciones tras el programa.
En cuanto a los ingresos, la plataforma Kick atribuye al formato cerca de 2 millones de euros en beneficios. Estos proceden principalmente de las votaciones del público (cada mensaje cuesta 1,99 euros), los ingresos publicitarios de YouTube por visualizaciones (~1,80 – 4,60 euros por 1.000 visualizaciones) y sus 590k suscriptores en YouTube y 1M de seguidores por cada gemelo en Instagram, colaboraciones con casas de apuestas como Bwin y Betfair, y acuerdos de product placement con marcas de gran consumo.
Más allá de las críticas que califican este contenido como “telebasura”, lo cierto es que dos streamers de 25 años han puesto en jaque a un gigante como Mediaset y ya amenazan con replicar otros formatos icónicos, como Supervivientes. Lejos de la corrección política y la censura que dominan gran parte de la televisión lineal, los espectadores buscan entretenimiento en su sentido más amplio: evadirse, desconectar y divertirse.
Con la introducción de las redes sociales y la mejora constante de los dispositivos móviles, las barreras de entrada en la industria del entretenimiento se están reduciendo drásticamente. Hoy, cualquiera puede crear contenido desde su casa y alcanzar una audiencia global. La transición de la televisión tradicional al streaming se acelera, y conceptos como la omnicanalidad, la espontaneidad y el empoderamiento del espectador han llegado para quedarse.
No existe contenido de primera o de segunda: el espectador es libre y tiene el poder de cambiar de canal -o de plataforma- cuando lo desea. Los servicios de streaming privados no son educadores ni prestadores de un servicio público; su función es ofrecer contenidos diversos para todos los públicos y canales. Si algunos medios tradicionales siguen mirando hacia otro lado y se limitan a producir televisión blanca para solamente la televisión lineal, continuarán alimentando, paradójicamente, el crecimiento de estos nuevos actores en TikTok y YouTube que han llegado para quedarse y competir de tú a tú.
¿Y tú? ¿Crees que el futuro del entretenimiento pasa por el streaming y los creadores independientes?
